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Situada en una ciudad que ya sentía inmensa, por fuera el edificio le parecía demasiado grande. Intuía que dentro habría demasiada gente y demasiados pasillos y demasiadas puertas. Se veía a sí misma sola dando vueltas sin saber cómo preguntar dónde se encontraba el aula de su curso. Subió con poco ánimo los tres escalones que le conducían hacia la entrada y abrió la pesada puerta con rejas de hierro. Allí había un mural en el que, entre muchas otras palabras que no entendía, pudo leer NI HAO.
Entonces comenzó a sentirse mejor.
“En la ciudad una esquina”
María González

Nos levantamos escuchando en la radio o leyendo en la prensa noticias de fronteras que se cierran excluyendo valores como la solidaridad, el apoyo mutuo o la empatía; de la aprobación de leyes que confunden la seguridad con la sanción y la represión; de una violencia machista que se sigue cobrando vidas de mujeres; de ataques permanentes a la naturaleza.

Saliendo de casa nos cruzamos con vecinas y vecinos con quienes compartimos las paredes pero cuyo nombre no conocemos. Salimos a la calle, que ya no nos sorprende encontrar sucia, y nos cruzamos con personas viviendo en las aceras, porque les ha sido negado el derecho a la vivienda. De camino al colegio, presenciamos en la carretera disputas entre conductores cargadas de una enorme violencia verbal.

Ya en el cole observamos día a día cómo los chicos agresivos resultan más atractivos; observamos con atención si en nuestros grupos se pueden dar casos de acoso escolar; vemos cómo se sustituye la mirada y la piel por la pantalla del móvil; tratamos de entender por qué el alumnado no cuida los baños; observamos cómo las denuncias policiales se han convertido en una manera común de regular los conflictos.
Regresamos, tras la jornada laboral, a nuestro barrio, donde no hay apenas espacios públicos donde poder relacionarte con tus vecinos y vecinas. Hacemos la compra para la cena en un centro comercial, porque el pequeño comercio, donde se generan relaciones cercanas de confianza, apenas existe ya.

Terminamos tan cansados/as que nos ponemos la televisión en lugar de conversar con las personas con las que convivimos. Y nos vamos a dormir, preguntándonos porqué, aunque vivamos rodeados de gente y aunque estemos permanentemente conectados, cada vez nos sentimos más solos, más solas.

Pero, frente a un sistema que genera individualismo y competitividad sabemos que todos los días se generan también experiencias y relaciones basadas en la solidaridad, en la empatía, en el apoyo mutuo, en la cooperación. Y sabemos que podríamos narrar un día en la vida de una persona, tal y como acabamos de hacer, centrándonos solamente en estas vivencias.

A estas experiencias queremos darles la BIENVENIDA. Una bienvenida que se traduzca en acciones concretas en nuestro centro, que se reflejen: en palabras de apoyo, miradas que abrazan y abrazos que contienen; en compañeras y compañeros que nos invitan a jugar con ellas en los recreos, que nos ayudan con las tareas escolares, que nos acompañan en la regulación de los conflictos; en docentes que tienen claro lo que significa “la violencia 0 desde los 0 años”. Que se reflejen en la creación de espacios donde sentirnos escuchados y con capacidad de decisión; en la posibilidad de expresarnos en las asambleas o en las tertulias dialógicas; en docentes que tienen herramientas para detectar casos de acoso; en el aprendizaje de habilidades que nos permitan escuchar activamente, decir NO o expresar los sentimientos; en actividades para la comunidad educativa organizadas por la comunidad educativa.

Damos la bienvenida, por lo tanto, a la convivencia en positivo, que implica compartir con calidad, aceptando y respetando a los demás (y asumiendo al mismo tiempo que no todas las diferencias nos enriquecen).

Damos la bienvenida a una convivencia que implica una relación consigo mismo, con las demás personas y con el entorno. Una relación basada en el respeto, en la dignidad y en la justicia social.

Damos la bienvenida, en definitiva, a una educación EN la convivencia (que permita crear un clima de convivencia sano) y PARA la convivencia (que desarrolle capacidades personales y sociales).

Intuía que dentro habría demasiada gente y demasiados pasillos y demasiadas puertas.

Para que, lo que haya dentro, sea gente que arropa, pasillos que conectan y puertas que se abren.

(Marta González. Coordinadora de Convivencia)